Escribe: Juan de la Piedra
El crimen organizado, el narcotráfico y la sórdida violencia vienen creciendo y fluyen dentro de los vasos sanguíneos de un país donde el homicidio, asesinato, hurto, peculado, malversación de fondos, lavado de activos, licitaciones amañadas, etc., se convierten en el pan de cada día, es decir, es lo habitual y como todo lo que es frecuente es costumbre, pues simplemente ya estamos acostumbrados.
Muertos en los basurales, cárceles que más bien parecen infiernos de perversión, marihuana en las calles, cultivos y fábricas clandestinas de cocaína, las barras bravas asesinando a otro fanático, los transportistas que llevan la merca en el chasis, los narcos de poca monta y los intocables de gran tamaño y contactos en la política, los sicarios y muchas víctimas, y desde luego los ciudadanos de a pie parados en el puesto de periódicos leyendo las últimas noticias. Es una foto de todos los días.
Sabemos que el crimen es parte integrante del sistema económico nacional e internacional, sus vasos conductores alcanzan familias insospechadas, empresas de renombre y hasta partidos políticos infectados del flagelo denominado lavado de activos. Las utilidades del crimen, dinero sucio y mal oliente, debe ser legitimado y lavado por los grandes magos de las finanzas, a vista y paciencia de la policía, inspectores, SUNAT, Unidad de Inteligencia Financiera, que ya no saben qué empresa es legal o cual es ilegal o simplemente una fachada impecable.
Es más, los delincuentes son grandes amigos de políticos, jueces y policías; y hasta los miembros de los servicios de inteligencia, de la DEA, Interpol y otros organismos están corrompidos al igual que la estructura del Estado.
Entonces, es fácil explicarnos el porqué de la fuga de capitales, la enorme evasión fiscal por un lado y la gran permisibilidad de la SUNAT con los grandes deudores tributarios en comparación con los pequeños empresarios y simples ciudadanos. El lavado de dinero cada vez se incrementa, la criminalización del sistema financiero distorsiona el normal curso de capitales llevándolos al consumo de bienes superfluos en vez de orientarlos a la producción de bienes y servicios necesarios para el progreso nacional, privilegiando a un pequeño grupo de la sociedad.
Según reciente informe de U.S. Interamerican Affairs las mafias financian candidaturas transfiriendo miles de millones de dólares negros y sucios hacia escondites “offshore”. Wall Street, Luxemburgo y las Islas Vírgenes Británicas están llenas de “inversiones”, y no nos olvidemos de Bahamas, Costa Rica, incluso la zona franca de Iquique y el notorio escándalo de los “Panamá Papers”.
Las grandes mafias desplazan a las pequeñas, sea con elecciones presidenciales o sin ellas, el apetito es voraz y la cancha está abierta; los “falsos políticos” atentos a recibir sus comisiones y depósitos cifrados en aquellos bancos con oficina a puerta cerrada, en San Isidro o Miraflores, dispuestos a darte el voucher respectivo y tu clave de acceso para visualizar ese dinerito en pantalla.
Sólo recordemos lo que dijo un miembro de la brigada antidrogas de Hungría, “con los problemas económicos de este país y la necesidad de activos líquidos, no se puede pedir al gobierno que analice demasiado el origen del dinero depositado en sus bancos”.
¿Alguien dijo por ahí algo parecido? “No investiguen al Presidente saliente y su esposa”.
28 de julio, frío, nublado y lluvioso, sólo nos queda esperar y ver.



